Eran las dos de la madrugada, el niño se levantó sobando sus ojos adormitados para acompañar a su mamá a la chacra , como muchas veces, para cortar la alfalfa y alimentar a sus animalitos de su corral familiar. Las calles oscuras de Muquiyauyo eran iluminadas por la multitud de estrellas del cielo andino , su pisar tierno sobre el suelo fértil no le hacía presagiar nada extraño; sin embargo, alrededor de las cuatro se escuchó a unos cincuenta metros el bramido tormentoso, y atroz de un toro. Cuando levantaron la mirada , parecía iluminarse esa parte de la quebrada. Eugenio jaló la manta de mamá Lucía para comentarle.
- Mami, parece que el toro de un vecino se ha escapado. Pero ¿Por qué tiembla la tierra cuando brama?
- Anda hijo, no preguntes y apúrate. ¡Rápido, rápido!
Apuraron la faena y subieron al burrito el quipe con la alfalfa.
-Vamos hijito, apúrate.
Se sentía que las pisadas del toro sacaban chispa de las piedras del camino, el bramido era más cercano y con fuego.
-Mamá dime, que es eso, porque de pronto hace tanto frío y todo se ve tan grande.
-Silba hijito, parece que es el condenado, date valor, apura el paso, dicen que se devora a la gente no quería decirte para no asustarte. Apuraban el paso , pero parecía que sus pies se enredaban , comenzó a silbar un huainito para darse valor pero no pudo, solo aire salió de sus labios fruncidos. retomaron la calle ya dentro del pueblo. El toro ya era visible, cuando dieron la vuelta a la cuadra de su casa vieron el fuego que salía de su hocico , ya esta cerca a ellos y Lucio, el burrito amigo, tropezaba sobre sus cascos, lo empujaban .
- Avanza burrito, empuja Eugenio ya llegamos, ya llegamos.
Empujaron la puerta del zaguán , habían llegado. Cerraron la puerta con la tranca, se arrimaron contra la pared sintiendo un gran alivio en medio del horror de lo vivido. El toro llegó a la puerta, el fuego sin quemar ingresaba bajo la puerta. Se habían salvado, nunca habían visto algo así. Lo habían escuchado en historias que los abuelos contaban alrededor del fogón de la cocina, ahora estaban abrazados llorosos agradeciendo a Dios en oración.

