miércoles, 28 de enero de 2015

El Condenado. Cuento

Eran las  dos de  la  madrugada, el niño se  levantó sobando sus ojos  adormitados para  acompañar a su mamá a la chacra  , como muchas  veces, para  cortar la  alfalfa  y  alimentar a sus  animalitos  de  su corral  familiar. Las calles  oscuras de Muquiyauyo eran iluminadas por la multitud de estrellas del cielo andino , su pisar  tierno sobre el suelo fértil no le  hacía  presagiar nada  extraño; sin embargo, alrededor de las  cuatro  se escuchó a unos  cincuenta  metros  el  bramido  tormentoso, y atroz de un toro.  Cuando  levantaron la  mirada , parecía iluminarse  esa  parte de la  quebrada. Eugenio jaló la manta  de mamá  Lucía para  comentarle. 
- Mami, parece que el toro de un vecino se ha escapado.  Pero ¿Por qué tiembla la tierra  cuando brama? 
- Anda hijo, no preguntes  y apúrate. ¡Rápido, rápido!
Apuraron la  faena y subieron al burrito el quipe con la  alfalfa. 
-Vamos hijito, apúrate.
Se  sentía que  las  pisadas del toro sacaban chispa de las  piedras del camino,  el  bramido era  más  cercano y con fuego.  
-Mamá  dime, que  es  eso, porque  de pronto  hace  tanto  frío  y  todo se  ve  tan  grande.
-Silba  hijito, parece que  es  el condenado, date  valor,  apura  el  paso, dicen  que  se  devora  a la gente no  quería  decirte  para no  asustarte.   Apuraban el paso  , pero  parecía que sus pies  se  enredaban , comenzó a silbar un huainito  para  darse valor pero  no  pudo, solo aire salió de  sus labios fruncidos. retomaron la  calle ya  dentro del pueblo.  El toro  ya  era  visible, cuando dieron la  vuelta  a la cuadra de su casa  vieron  el  fuego  que  salía de su hocico , ya  esta  cerca  a ellos y Lucio,  el  burrito  amigo,  tropezaba  sobre  sus  cascos,  lo empujaban . 
- Avanza burrito, empuja Eugenio ya  llegamos, ya  llegamos.
Empujaron  la  puerta  del zaguán , habían  llegado. Cerraron la puerta con la  tranca,  se  arrimaron  contra la  pared sintiendo  un gran alivio en medio del horror de lo vivido.  El toro llegó  a la  puerta, el  fuego sin quemar  ingresaba  bajo la  puerta. Se  habían salvado, nunca  habían  visto  algo  así.  Lo  habían  escuchado  en historias  que los  abuelos  contaban alrededor  del fogón de la  cocina,  ahora estaban  abrazados llorosos agradeciendo a  Dios en oración.    

Eres bienvenido

Si miras  a través  de mis ojos, 
verás  que  el mundo ya no es el mismo
tu  magia  de  amor lo ha cambiado  todo,
hoy mi vida tiene razón de ser...